29.5.18

Los robot contra los trabajadores. Es inevitable

Ya sé que la máquina que vemos a la izquierda la habéis visto en algunos locales de comida rápida. Es rápida, es simple, es eficaz, y resta puestos de trabajo. Incluso del trabajo que se pagaba menos, el de trabajador de una empresa de comida rápida. Pero nos hace gracia y la utilizamos. En pocos meses es posible que ya no podamos pedir comida en un mostrador. Yo ya he visto un local de esos. Ya no se paga con dinero, sino con tarjeta por obligación.

Incluso es muy posible que en poco tiempo mientras esperamos nuestro turno para ser entregada la comida, sea otra máquina quien abra una compuerta y nos entregue la bandeja con todo lo pedido en la máquina anterior. No veremos a personas, si acaso a otros clientes.

Dentro del local y de momento, las personas que trabajan ponen las patatas en una freidora, y meten la comida en cajitas, tras sacarla de otras cajitas que las han elaborado a mucha distancia unas máquinas automáticas que trabajan con pollos enteros, carne entera que pican, pan congelado y salsas diversas. Es la automatización del trabajo. Nunca se equivocan ellas. Si acaso se averían.

Nuestros enemigos ya no son la globalización, no lo es la deslocalización del trabajo hacia mercados más baratos. Es la automatización robótica del trabajo. Y que no nos cuenten mentiras. Nunca los robot mandarán sobre las personas. Mandarán sobre los trabajadores, que es diferente. Vienen a quitarnos nuestros puestos de trabajo, pero seguirán siendo esclavos de seres humanos que los programan, los enchufan o los apagan.

La nueva economía no busca el bien común ni la subsistencia de la sociedad, pues cree que todo se organiza alrededor del mercado que es el Gran Dios. La sociedad sobrevivirá al mercado del trabajo robótico, simplemente porque el mercado se adaptará a su NO destrucción. Pero en el camino quedarán muchos seres humanos desplazados, y unos pocos con unas ganancias todavía mayores de las actuales.

Se necesita a la sociedad como consumista. Ya no como productora. Por eso somos necesarios.

Antes en un pueblo de ¿Soria? un agricultor tenía dos hectáreas de cereal y vivía con su familia más la huerta y los animales. Hoy un agricultor medio puede trabajar 200 hectáreas para poder rentabilizar bien sus inversiones y horas de trabajo. Emplea mano de obra barata, está atado a multinacionales que le tienen que vender las semillas y comprar sus productos, y como no es propietario de tantas hectáreas, paga a vecinos que tienen pequeños campos, para alquilarlos e ir sumando parcelas que unifica.

Hemos automatizado la producción, la hemos rentabilizado, pero hemos creado grandes empresas multinacionales que viven del trabajo de otros, vendiendo y comercializando incluso con productos que ni tan siquiera se han sembrado. Es otra forma de automatizar pero aumentando los beneficios para los que controlan los procesos. Los agricultores ganan para sobrevivir, y los consumidores compran lo que les venden al precio que les marcan en los lineales.