25.1.12

En España sale muy barato ser tramposo. Incluso te aplauden.

Tristemente español, increíblemente incrédulo con la justicia, dolido de engaños y usos malintencionados de la política, que luego logran manipularse donde haga falta, sea con jurado popular o con jueces profesionales. 

Así es imposible poder demostrar una creíble seriedad ante Europa y seremos siendo el hazmerreir de nuestros vecinos, pues se pueden chotear de nosotros con todo sistema de chistes y chascarrillos que los europeos quieran imaginarse. A Garzón lo juzgamos y a “otros” los declaramos inocentes tras escuchar grabaciones increíbles, de conocer sus palabras, sus usos, sus risas y miradas cómplices de jugar a jugar. Incluso nuestro Ministro de Justicia le llama en la televisión “amigo”, no inocente, no compañero de partido. Sí “amigo”. Así, tras este calificativo, es complicado seguir creyendo en las decisiones.
En este santo país es muy fácil salir de rositas si eres jeta profesional o asesino declarado o menor con muchas horas de televisión. Pero si eres un pobre mendigo, un desempleado cabreado, un indignado retenido, lo tienes jodido, te pondrán una multa de huevo que no podrás pagar y tras ello te embargarán y luego podrás terminar en la cárcel.

Miles de familias se quedan en la calle en España, pierden su vivienda y hogar por decisiones judiciales impulsadas por bancos millonarios. Pero otros saben reírse de mí. Y lo curioso es que la mayoría de españoles votan a los que alientan estos usos, estas costumbres. Debemos ser masoquistas. O imbéciles. O ciegos.