24.12.15

Se nos vuelven somardas los periodistas y los políticos

Entre las finuras de esta política nueva de costura fina y de momento hilvanada solo, nos vamos a encontrar —os lo aseguro, que de esto entiendo— con intoxicaciones un día sí, y al siguiente también. Son cosas del ajedrez o del guiñote, que es parecido pero con cartas. Hoy he leído al pequeño Pablo Iglesias —el otro fundador de partidos ya murió— y como crítica fina, que felicitaba a IU por su buen resultado. Es finura dialéctica, somardismo aragonés lo cual está bien, pues se nos copia y eso es bueno.

Vamos a leer tontadas y melonadas, lo uno y lo contrario, dando como verdadero todo. Veremos caras de morro y sonrisas forzadas, pero la verdad se esconde en comidas secretas en casas de expresidentes, en reuniones de a pocos, en llamadas telefónicas o incluso en WhatsApp escondidos, aunque me dicen que emplean más el Telegram que es más secreto.

Todo está abierto, incluso la posibilidad de que al final gobierno Santamaría. Suena Javier Solana, con lo que nos pueden decir de todo. La clase política se está esforzando en decirnos que los actuales políticos no nos sirven, y por eso quieren recurrir a los escondidos. Mejor y más fácil es manipular a esos que ya no quieren nada, que con los que aspiran a pasar a la historia de verdad.

Los periodistas de por libre se apresuran a escribir artículos dirigidos como los misiles teledirigidos a la línea de flotación de algo. Son tantos los objetivos que entretiene adivinar a favor de quien está este tipo, contra quien quiere joder esta otra plumilla. Eso sí, han logrado en sus confidenciales poner nombres de despiste, para que nunca sepas quien es de derechas, republicado de república de verdad, travestido según el negocio, o amigo de joder a quien manda. Os lo juro, muy entretenido está todo esto.

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