27.9.15

El 15-M del 2011 nos apaciguó los ánimos

Sin duda a partir del lunes entrará España en otra dinámica política que se afianzará a partir de diciembre. Pero dicho esto, hay que añadir que el proceso será lento, España entrará en una legislatura constituyente, van a cambiar muchas situaciones, incluida el asentamiento de las diversas opciones políticas que hoy se presentan en España con muy diferente nombres y opciones de líderes y de ideas. Pero es inevitable este camino, pues gane quien gane en diciembre deberá optar por buscar soluciones con el consenso, incluso en el hipotético y escasa realidad de que vuelva a gobernar Rajoy, que no el PP, cuyas opciones son cada vez más altas.

La izquierda en España no se une pues es incapaz de hacer lo que predica. Incapaz de olvidar que transformar la sociedad y gobernar no es compatible con mantener sus puestos, sus orígenes, sus historias personales por encima de la generosidad en busca de lo efectivo y necesario. Así que los trabajadores de este santo país lo tienen muy jodido, sean nuevos o viejos los que desde la izquierda salgan políticamente reforzados. Es cierto que hay diferencias, pero también que se ensombrecen entre ellas mismas, al solaparse y meter basura. Nadie es más enemigo de la izquierda que la propia izquierda.

El mundo está siempre en constante movimiento táctico y este inicio de siglo aunque nos parezca veloz está siendo mucho menos novedoso de lo que fue el anterior o de lo que nos podríamos imaginar. Es cierto que la crisis económica ha sido brutal pero también lo es que ha sabido aguantar a la sociedad, incluso con el experimento de llevarla hasta límites complicados de admitir si nos lo hubieran explicado hace una década. España a la cabeza del empobrecimiento sobrevenido, sobre todo con una generación de jóvenes vilipendiados y sin trabajo ni futuro, está soportando increíblemente bien la situación, sin que se rompan cuerdas ni violencias. Aunque nadie es capaz de saber hasta cuando.

Personalmente empiezo a creer que el 15M hizo un papel de bálsamo fabuloso para calmar a una sociedad que se empezaba a efervecer, y que aquellas sentadas largas dejaron el poso de “y para qué” que trajo la calma sostenida. ¿Hasta cuando? Pues posiblemente hasta que el tipo del vaso que es un vaso y el plato que es un plato, se vaya a su casa, de donde nunca debería haber salido.

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