28.5.13

Los partidos políticos deben cambiar

Ayer en El País publicaban un artículo duro contra los partidos políticos César Molinas y Elisa de la Nuez, titulado “¿Por qué hay que cambiar los partidos?”. Es un ataque más a los partidos políticos pero en este caso razonando algunas claves.

El propio germen que hizo crecer la democracia en España y la forma en que fuimos creando el entramado político con errores, sobre todo en financiación y en desafección social hacia las instituciones democráticas que no hemos dado, nos ha entregado esta maquinaria política irregular y que hoy y ya detectados los errores hay que modificar.

Es cierto que en la inmensa mayoría de partidos políticos, los dirigentes son reyes de su parcela y no admiten entender que la sociedad es muy plural, incluso la parcela de sociedad que les votan a cada uno de ellos, y que la comunicación con su sociedad es fundamento de trabajo.

Es verdad que la pirámide vertical de los partidos convierte a los de arriba en inmutables y a los de abajo en inútiles. En el mejor de los partidos los de arriba son permeables pero lo justo y los de abajo además de participar en grupo opinan menos de lo que deberían y no pueden ascender casi nunca en su propia organización.


El partido político debería trabajar más en grupo, en equipo. Jodo lo que acabo de decir. Trabajar en equipo no es, repito, no es, convocar cuando se desee reuniones con militantes, sacar asuntos y esperar que algunos opinen. Es maravilloso el sistema si lo comparamos con otras organizaciones en donde ni se reúnen, pero es corto e inútil en bastante medida, y eso hablando del mejor de los casos.

Los dirigentes, los gestores deben trabajar en más direcciones.

Una: solicitar opinión y análisis de forma individual sobre temas en concreto
Dos: solicitar opinión y análisis, razonando por escrito, sobre temas que crea el militante son importantes para la sociedad o la organización.
Tres: estar constantemente analizando las situaciones sociales, los problemas globales que les afecta a la sociedad y buscando soluciones a través de sus militantes y simpatizantes.

Voy a poner un ejemplo sencillo.
Hay seis millones de desempleados. Con independencia de los dirigentes de los partidos que entre ellos si se reúnen, cada gestor debería solicitar a un 10% de su militancia, elegida por su capacidad para el análisis por conocimiento del tema, qué opinan sobre este asunto y qué soluciones creen ellos que se podrían plantear. Respuesta por escrito y con una extensión suficiente.
Pensiones, sanidad, educación, movimientos sociales, forma de comunicar, financiación política, etc. deberían ser los temas constantes de análisis.

Efectivamente procesar esta información lleva su tiempo, faltaría más. Y es posible que no salgan soluciones milagrosas. Pero sería un termómetro de cada organización, una respuesta amplia si se sabe procesar lo recibido. Ese 10% es suficiente pero debe ser alternativo. No debe producir temor al dirigente pues no pierde poder y debe servir sus respuestas para ser al menos publicadas de forma interna para saber qué piensa el partido de cada tema.

El ciudadano de la calle debe sentirse válido si decide apuntarse a un partido político. Si es de esas pocas personas que deciden participar.

En estos momento, efectivamente, cada militante nuevo pasa un buen tiempo “en la nevera” si decide participar, pues suena extraño cuando no expía, confidente o raro. Tal es el sentido que hay de lugar cerrado, húmedo y con telarañas. O lo cambiamos de forma rápida o no dará tiempo.

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