5.5.13

El comunismo posible o imposible del siglo XXI

Tras martirizar al comunismo como forma social de organizar a las gentes, nos podríamos preguntar si no sería posible un nuevo comunismo del siglo XXI, ahora en que todo está en entredicho.
Y a la primera duda nos respondemos que algo así es imposible y nos remitimos a los ejemplos de Cuba, Rusia o países que desde la pobreza interna o provocada, emplearon al comunismo como forma defensiva de intentar sobrevivir.
Pero hay otras maneras de entender y practicar el comunismo. Con este nombre o con otro.

Los kibutz en Israel son una forma comunal de convivir y repartir, de poner en una caja común los ingresos y tener derecho a todo lo que se necesita para convivir y una parte del salario como dinero libre.
Todo intento de caminar hacia el comunismo, incluso hacia el comunismo adaptado a estas décadas, se ha realizado desde países con pobreza. Mejor dicho, desde sociedades con pobreza y grandes diferencias económicas entre sus miembros. ¿Les suena a algo actual?
Casi nunca se ha probado el comunismo desde sociedades de clases medias, como sucede con el componente religioso añadido en los kibutz de Israel. Pero es posible. E incluso allí es voluntario. Digamos que se puede ser comunista como opción elegida, dentro de sociedades que NO son comunistas.
Por ejemplo en España hay bastantes micro comunidades, que se comportan desde el reparto, desde el trabajo compartido, asumiendo que cada individuo entrega lo que sabe hacer y recibe a cambio lo que otros saben hacer.

¿Les parece utópico? Seamos serios, les suena fatal si le ponemos el nombre de “comunista”, que es tanto como decir “demonio con rabo”, lo asumo.
Ya nunca deberíamos llamar al comunismo: como comunismo. Suena fatal desde que rompieron el Muro de Berlín, para gozo de los alemanes del Este y para desgracia de todos los trabajadores europeos que perdieron el contrapeso. Hasta en las obras de arte se juegan con los contrapesos para que resulten agradables a la vista.
Es decir, seria posible entender como bueno (por algunos) un sistema que siendo en sus raíces comunista, se le pusiera otro nombre y lo defendieran otros grupos sociales. Todo evoluciona, nadie puede decir qué sistema imperará dentro de 50 años en el mundo. Esta cantidad de años es una minucia pero los cambios son cada vez más rápidos. Hace 50 años los ciudadanos de color en EEUU tenían unos derechos que hoy nadie imagina. Y en Sudáfrica ni cuento.


¿Es hoy algo parecido a un camino hacia el comunismo, lo que se empezó en Venezuela con Chavez?
Nos asusta el comunismo, pero practicamos muchas cosas de su interior filosófico y político. Otras partes no, efectivamente y en otras hacemos todo lo contrario. Esa mezcla es la que hace que los sistemas sean imperfectos, todos, pues no hay tantas formas de organizarnos. Todas ellas son mezclas con diferentes porcentajes de sus partes.
Trabajo. Impuestos. Libertades. Cultura. Ayudas sociales. Macroeconomía. Microeconomía. Educación. Religión. Justicia social. Servicios comunales y sus precios.
La mezcla del tipo de gestión de estas partes, es la que hace que un sistema sea de una manera o de otra. Ninguna ya, nunca, será totalmente privada. Ninguna tampoco será totalmente pública. La mezcla es el factor que convierte un sistema en posible, imposible, correcto, novedoso o anticuado, le pongamos luego el nombre que le pongamos, sea nuevo o sean viejo.

Claro que visto desde el “hoy” la pregunta sin respuesta es fácil: ¿quién gestionaría el comunismo (que es el total de todos), sabiendo como gestionan los impuestos (que es un poco de muchos), los actuales políticos gestores?

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