11.2.13

Qué tipo de Papado necesita el mundo actual?

No es fácil entender por los católicos que el Papa renuncie a su trabajo, nombrado (dicen) por designio divino con intersección del Espíritu Santo. La sensación desde fuera es que se esconde algún motivo no aclarado, que impide saber la realidad. El ejemplo de Juan Pablo II, gravemente enfermo pero aguantando hasta su fallecimiento, es el más cercano para indicarnos que no es lógico en el papado las dimisiones, si no son forzadas.

Pero lo importante es que ahora se abre un periodo complejo, en donde se van a volver a pelear dos tendencias católicos (el menos) bien distintas, para hacerse con un poder increíble.
No quiero nombrar a grupos muy potentes que han martilleado entre las catacumbas de una iglesia herida, no quiero hablar de las debilidades manifiestas de unos católicos progresistas cada vez con menos fuerza dentro de una iglesia que busca el integrismo, algo que parece de moda entre casi todas las religiones potentes.
Quedamos muy pocos —por edad— que recordamos una iglesia católica abierta a la calle, a los pobres, a los que sufren, a los obreros, a las adaptaciones junto a la sociedad que toca vivir. Muy pocos recordamos ya a Juan XXII o Pablo VI. Pero es posible entender otra iglesia católica, ya lo creo que sí.
Si la dimisión forzada es provocada por algunos poderes ocultos, nos gustaría conocerlos para traerlos hasta España y dejarles trabajar entre tanto político que se ata a sus sillones. Y para que también los conozcan los que tienen que elegir nuevo Papa y así no equivocase otra vez con figuras de escaso peso personal y de grupo, que no sepan liderar un poder mundial mucho más potente de lo que podemos imaginar desde fuera de él.

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