14.2.12

Todo lo que consumimos es "Low Cost". También los derechos

Nos estamos acostumbrando a vivir en el “Low Cost” en el bajo coste del todo. En la deflación social, laboral, económica, de consumo, de derechos, de libertad. Todo hay que adaptarlo según nos dicen los que mandan en esa Europa que se nos escapa, hacia el consumo barato, hacia un “casi nada”, movernos entre ese “sí, pero no” que nos haga convencernos de que todo sigue igual de bien, pero siendo todo lo que nos rodea una mierdecilla sin gracia.

Compramos en los “todo a 0,60”, comemos en los buffet chinos de 10 euros, buscamos los bares de cerveza barata, los tabacos de picadura, los periódicos gratis, las músicas copiadas o los DVD de las aceras. Y nos hacemos la ilusión de que todo es como antes, pues seguimos consumiendo igual, pero mucho menos. 

Tenemos mucha menos libertad pero nos estamos acostumbrando a no utilizarla y así no se nota. Tenemos muchos menos derechos, pero miramos fijamente los Telediarios para aprender que otros tiene todavía menos que nosotros. No nos cambiamos de coche ni de pantalón, pero todavía aguanta mientras le quitamos el polvo viejo a la máquina de coser. Aprendemos a cocinar guay del Paraguay para sentirnos tan cocineros como Adrià y engañarnos por las noches. Practicamos sexo con rapidez para no enfriarnos pues no tenemos tanta calefacción o lo practicamos más lentamente pues es de las pocas cosas que todavía es gratis y no nos la han prohibido (si no somos católicos).

Y eso si, vemos mucha televisión que así nos convencemos con sonrisa medio disimulada de que en Grecia están peor, en la India mucho peor y en esos vertederos de basuras llenos de niños sin peinar, ni te cuento.

Somos felices, por que hemos querido no creernos que deberíamos estar cabreados; que los que mandan en la sociedad han tenido el detalle de inventarse el “Low Cost” para seguir disfrutando de nuestro capitalismo bonito y simpático. 

En breves meses la sanidad, la educación, la justicia, los parques y la televisión también serán “Low Cost” y las tiritas serán de papel, las recetas médicas serán de pastillitas sueltas, la educación será con lápices a los que volveremos a sacar punta hasta el culo y no tendremos que acudir a la justicia pues ya no merecerá la pena. Estoy seguro que si nos pusieran en la tele series de los años 80, partidos de fútbol ya celebrados y anuncios en banco y negro, casi lo agradeceríamos y lo que nos íbamos a ahorrar. ¿Se imaginan ver el “Un, dos tres, responda otra vez”, por las noches de los viernes y “La Clave” repetida, las noches de los sábados. Un lujo para un país de pobres, oiga.

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