22.1.12

Hay que aprender a quejarse con más eficacia

La imagen nos refleja una manifestación de esta semana en Barcelona, en contra de la precariedad en el empleo, de la calidad actual del trabajo en plena crisis que incluso a las ayudas a trabajadores desempleados. El escaso número de personas que acudieron a las puertas de la Generalitat de Barcelona deben hacernos reflexionar sobre los mecanismos de queja y presión de los más débiles hacia los que ordenas y gestionan las leyes y las decisiones políticas.

Es una constante triste que la participación de la sociedad ante sus propios problemas es muy baja. Cada mes que pasa es incluso más baja. La desafección social, incluso para quejarse de sus propios problemas personales, está en unos límites preocupantes, por su inutilidad y por la capacidad que tienen los que gestionan para relativizar todo lo que les afecta.

Pero la inteligencia política de los que organizan estas acciones debe ser diferente y más alta, pues con imágenes como esta, los que salen perdiendo siempre son los que deben salir reforzados.

Hace una semana en Zaragoza la manifestación en contra de un dirigente deportivo logró una concurrencia mucho mayor que la de otros tipos de manifestaciones contra el desempleo, las leyes laborales o los peligros de la crisis y el paro entre los trabajadores. Increíble, pero el fútbol congregó a muchos más que el desempleo. En Zaragoza hay 100.000 parados.

Los dirigentes de izquierdas deben empezar a ponerse a trabajar para diseñar nuevas fórmulas de reclamación más eficaces. Debemos sentarnos a estudiar nuevas maneras de movilizar a las gentes, de lograr movilizar a los afectados, de ser más eficaces a la hora de ser tenidos en cuenta por los que nos tienen que escuchar y resolver los problemas. Cada vez que convocamos un acto al que acuden pocas personas, estamos haciendo el ridículo que sin duda toma buen nota el responsable político de decir luego que NO a nuestras peticiones.

Ayer mismo en Barcelona, se convocó una manifestación contra el cierre de Megaupload. Son miles los que claman contra el cierre de páginas web, millones los que están —estamos— en contra de la Ley Sinde. Pero a la manifestación de Barcelona acudieron 9 personas. 

He observado en los últimos años, en Zaragoza, como a ciertos actos reivindicativos acudían siempre entre media y una docena de personas. Salían en los medios de comunicación. Pero siempre eran las mismas personas. Estas imágenes —creo— son muy negativas y nada efectivas para las organizaciones que las convocan. Son actos muy perjudiciales para la izquierda social. Hay que aprender nuevos métodos de presión o reclamación, nuevas maneras de exigir justicia social, menos maneras de movilizar a una sociedad desafectada a la que hay que empezar a escuchar más y a dejarles participar de verdad en las decisiones que les afectan.

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