18.11.11

Tendremos que hablar de politicos quemados y que abandonan

Nos tocará hablar en las próximas semanas de los cambios profundos que debemos hacer entre todos dentro de la clase política, desde la organización de lo social, de lo comprometido con la sociedad, desde el trabajo serio pero anticuado de la política. 

Hoy me llegan serios avisos de gente muy implicada con la política que está ya cansada, dolida, empezando a retirarse desde las primeras líneas de pelea social por conseguir algo mejor de nivel de vida para todos los que conformamos el entramado social que más ayuda necesita. Son personas muy válidas que se quieren ir desencantadas de su trabajo.

El desencanto es lo peor que nos puede suceder cuando nos derrotan. Es el peor resultado tras perder una batalla. Recuerdo el desencanto de los años 80, cuando el partido comunista perdió parte de su fuerza y el socialista se tuvo que plegar a los mandatos de las fuerzas fácticas o escondidas. La sociedad se resintió, pero lo peor fue el gran equipo humano que desde la izquierda fue abandonando sus trabajos al quemarse en peleas que no lograban ningún objetivo. Quedaron muchos, pero en el nivel de la balanza no pudieron con los trepas, son los que se tapan la nariz para no oler a sucio, con los que todo le da igual con tal de que sigan siendo “algo”.

Ahora puede suceder igual. La izquierda va a recibir un buen palo en los riñones. Casi toda ella, se avisa con claridad. Lógico además, pues debemos reconocer que no ha hecho bien su trabajo. Europa ha olvidado la política como elemento necesario para engranar la sociedad y todo lo deja en manos de técnicos, a ser posible banqueros y la izquierda no ha sido capaz de ofrecer alternativas creíbles. O al menos la sociedad, su sociedad no se las han creído.

A partir de aquí toca empezar a reconstruir pero con otros líderes, y en este cambio hay peligro de que los que entren no sean filosóficamente puros, entregados por el trabajo a veces desagradable de ayudar a los demás por nada. Es muy duro sobre todo por el nulo reconocimiento social del trabajo político. Y las deserciones se empiezan a escuchar. Lógicos abandonos, pues no debemos olvidar que siempre son personas las que están detrás de los líderes. Tristemente cansados y quemados.

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