30.11.10

Es imposible vivir sin tener un sistema de gobierno que nos envuelva

Curiosamente —seamos realistas, nos lo esperábamos— el partido de fútbol del Barcelona ha suscitado más interés entre los españoles que los resultados de las elecciones en Cataluña. Es decir, algo que dura hora y media y a lo sumo un día de comentarios, nos resulta más interesante que un cambio político que afectará a todos, aunque seamos de Melilla o de Lugo. Poco o mucho, a todos.
Mal somos, mal vamos, mal iremos, si no somos capaces de separar el trigo de la paja y exigir que el grano sea puesto en reserva y cuidado. Por mucho que estemos hartos del trigo.
Por que esta sociedad nos pertenece, es la nuestra, y si no queremos cuidarla, cambiarla, vivirla, criticarla, se nos irá al garete. Y como es imposible vivir sin sociedad que nos envuelva, vendrá otra a ocupar su espacio.
Igual que el mar no puede estar sin agua por mucho que la quitemos, así las sociedades no pueden estar sin organización que las envuelva. Es imposible. Incluso el anarquismo más duro es una forma de entender la sociedad y el Estado.
Si abominamos de lo que tenemos y no edificamos otra sociedad posible, no hay problema para algunos. Ellos edificarán por nosotros y a su medida la forma de gobierno que les interese. Nada mejorará por el simple hecho de pasar de ello, nada cambiará a nuestro “mejor” por estar escondidos. Si acaso para “su mejor” y mirntras tanto nosotros elegimos, siempre elegimos, incluso cuando NO elegimos.

2 comentarios:

  1. Éste es uno de los mensajes centrales que intento lanzar desde mi publicación "Ciudadano público".

    Si la gente, los demócratas, no le inyectan vida cada día a la Democracia, ésta se muere y acabamos con una Dictadura que la habrá reemplazado, poco a poco al principio, hasta la formalización final.

    Saludos,

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  2. Es que no hay sistema político y social más vulnerable que la democracía. Na da es más débil que la democracia. Por eso habría que cuidarla más que a ningún otro sistema. Y en cambio hacemos lo contrario, ponerle zancadillas. Parece malo decir que hay que salir en defensa de la democracia, incluso a costa de medidas que no nos gustan.

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