7.12.08

Es hora de los políticos, no de los economistas.

Ante la crisis no es momento de que hablen los economistas sino los políticos. Quien debe dirigir la crisis y tomar medidas, aportar ideas y buscar salidas no son los técnicos sino los políticos.
Por eso es más necesario que nunca disponer de líderes políticos que sepan a donde quieren ir, más que líderes de libro que crean saber que esta crisis es como las anteriores.
Todas son distintas porque distintas son las sociedades, y de ellas se sale siempre, pero con distintas recetas lo que lleva a diferentes escenarios históricos.
España tiene una crisis propia unida a la crisis financiera mundial. Por eso hemos entrado más tarde y saldremos más tarde, por ello nuestro principal problema va a ser de empleo, de confianza, de consumo interno.
No exportamos lo suficiente.
Sin poder vender fuera, no se puede comprar de fuera.
Por cada euro que compramos, debemos vender algo por otro euro. Es algo lógico que nos hemos saltado durante años. Hemos vivido gracias al turismo y a un endeudamiento alto, sin prestar atención alas deslocalizaciones, que nos impedían vender fuera lo mismo, año tras año.
Los sueldos han sido bajos o muy bajos.
Curiosamente con sueldos bajos, el precio de nuestros productos para exportar es poco competitivo. Efectivamente la baja productividad es la culpa. Pero no sabemos o queremos detectar con acierto el problema. En nuestras empresas no es que los operarios trabajen poco. Es que trabajan sin orden, con desorganización y con un número muy creciente de directivos y operarios no productivos. La preparación del mercado de trabajo es baja, y el de los directivos muy baja.
Con sueldos bajos el consumo interno es bajo. Pero lo que es peor, el ahorro es nulo.
Los jóvenes no tiene un mercado de trabajo de calidad.
Y si los jóvenes no ven claro su futuro, no se endeudan o lo hacen con un riesgo inmenso, viven al día y no creen en el ahorro, no se preparan porque ven que no es sinónimo de calidad en el empleo, se adaptan a lo que ellos creen inevitable.
El resultado es un mercado productivo de mala calidad.
El Gobierno no quiso admitir la crisis hasta pasados muchos números en todos las estadísticas, cuando ya era un clamor en la calle. Y a partir de asumir la crisis y desviar la atención hacia la globalidad, ha ido tomando medidas aleatorias, sin rumbo claro, siempre detrás de los números.
¿Alguien puede decir qué es lo que trata de hacer el Gobierno con sus medidas?
Falta clamorosamente explicación.
Los líderes lo son porque tienen a una sociedad detrás. Y para ellos deben tener buena relación con su sociedad. Nada hay como explicar las cosas didácticamente.
Adolfo Suárez sabía muy bien dirigirse a sus ciudadanos, emplear los medios para llevarse el gato a su agua. Nadie hasta ahora ha conseguido empalizar en el día a día, ante el problema, en la distancia en corto.
Es necesario ver a Zapatero en las televisiones dando una explicación extensa sobre la situación, si la sabe.
No es el momento de responder preguntas de cuestionario, es ya tarde incluso para saber dar la cara y aparecer en los salones de todos los españoles deseando entender sus problemas.
El político debe saber dirigirse a su sociedad, y si no sabe, debe dimitir pues su trabajo, ya lo sabían los griegos históricos, es dedicarse a gestionar “el todo”, tener capacidad de empatizar y de ofrecer respuestas a los problemas de “los otros”.

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