11.7.08

Sobre los precios de la Expo de Zaragoza y sus errores

En mercadotecnia, lo que más cuesta es conseguir llevar a los clientes hacia los lugares de mercado; se invierten enormes cantidades simplemente para conseguir que el consumidor se acerque a la tienda y entre de visitante, porque la compra viene después por si sola.
Pero en Zaragoza, en la Expo 2008, los que han organizado el zoco de Ranillas, no deben entender de esto.
Lograr que 40.000 personas de media acudan todos los días a un recinto cerrado y con gran calor, tiene que tener como resultado que el consumo de bebidas y comidas sea altísimo. Si además son personas que acuden desde todo el mundo, a visitar al resto del mundo, las posibilidades de que en su desplazamiento se gasten unos buenos euros en recuerdos de todo tipo es muy alta.
Pero los tontos de la Expo, los que han tomado la decisión de poner unos precios totalmente ajenos al mercado consumista que va a acudir de visita, han tirado a la basura toda posibilidad de que los países, incluidos sobre todos los más pobres, hagan negocio, hagan caja.
Es vergonzoso que un plato de solomillo salga entre 35 y 45 euros más IVA y más bebida.
Es un tremendo error que una cerveza de la India cueste 3,5 euros.
Es una idiotez que cualquier recuerdo cueste entre 4 y 10.000 euros. La tontadica más pequeña cuesta 4 euros.
Los visitantes que se van sin gastarse un euro en tontadas, o gastándose muchos menos de los que se deberían gastar son casi todos.
Si en los países se hubiera dado permiso y libertad para poner los precios que quisieran, algunos chiringuitos estarían con más colas en los bares que en los vídeos repetitivos. A la India, y como a ella muchos otros países, les resulta mucho más rentable vender cervezas a un euro que a más de tres euros. Cuando vuelvan a sus países y digan que vendían un platito de pollo al curry por más de 25 dólares al cambio y con servilletas de papel, se partirán de risa y de llanto, porque vendieron muchos menos de los que deberían haber vendido si lo hubieran puesto a 12 dólares (8 euros) que sigue siendo un precio prohibitivo e incomparable para la economía de su país.
Los visitantes se nos van vivos, llenos sus bolsillos de euros sin gastar porque no entran por miedo a pedir un plato japonés a 45 euros más IVA. Precio japonés, este sí, para bolsillos aragoneses en la mayoría de los casos.
Una mala política de precios, que está en contra precisamente del sistema de libre mercado que tanto pregonan los que han montado el Gran Zoco de la Expo 2008 en Zaragoza. Que aprendan las siguientes Expo, de los errores de esta.

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