9.1.08

¿Se puede vivir mejor? (I)

Vivimos en una sociedad de bienestar. La verdad es que es una frase que se repite mucho pero que verdaderamente no tiene sentido si no la vemos desde el conjunto del mundo entero, comparando las diferentes formas de vida.

Muchas veces tratamos de buscar la felicidad. De hecho, es muy posible que el fin último de todas las cosas que hagamos sea buscar la felicidad. Si no directamente, si indirectamente.
¿Pero podemos llegar alguna vez a ser plenamente felices?
La sociedad va avanzando intentando encontrar los puntos claves de los temas importantes que albergan la respuesta final a la eterna pregunta.

Y aquí expongo tres preguntas clave del tema.
- ¿Podemos estar plenamente desarrollados colectívamente?
- ¿Puede el ser humano (como individuo) ser plenamente feliz?
- ¿Debe ser plenamente feliz?

A la primera se responde con la política. Y es muy fácil ver que, al menos de momento, esto es totalmente imposible. Vivimos en una sociedad donde cada persona tiene libre capacidad de pensamiento, y esa capacidad conjunta con la razón, da las respuestas personales a las preguntas clave (desde permitir el aborto o la eutanasia, a imponer mas impuestos a los ciudadanos y no a las empresas, etc…).
Cada persona tiene un punto de vista, y generalmente esos puntos de vista se suelen asociar con ciertos parámetros “base”, que se unen para formar los partidos políticos, que defienden las ideas en democracia.

No existe una sola idea que por si sola convenza a todas las personas.
Por ejemplo, ¿De que sirve cambiar leyes, o iniciar proyectos bajo el gobierno del PSOE, si dice Rajoy (ayer mismo), que si llega al poder hará una revisión de muchas medidas?
Desde esta perspectiva parece que la política no puede conseguir nunca llegar a la felicidad de todos. Por ello quizás debamos cambiar la perspectiva de apoyo.

Muchas veces en los debates (los pocos que hacen en televisión), estos se basan en:
- Un grupo que apoya la idea A
- Un grupo que apoya la idea B

El primero argumenta, y el segundo critica al primero argumentando su idea.
Luego el primero critica al segundo y vuelve a exponer su idea mediante falacias tipo: es lo que creo, ergo es lo que es. El segundo grupo repite el proceso. Añada publicidad por medio.
Acaba el debate, nadie a convencido a nadie (¿alguien esperaba que lo hiciera?), y los de casa en su gran mayoría se han quedado con el tío que mas alto hablaba y la idea más fácil y que mejor era vendida.

Un debate, a mi forma de ver, tiene que ser una reacción mutua de búsqueda de soluciones a un problema común. En vez de plantearse los puntos de vista como moles inamovibles del pensamiento, y usar una pelota que pasa de mano en mano, lo que se debería enseñar es a buscar conjuntamente una solución que aporte ideas de ambos bandos. Por supuesto esto necesita varias cosas para su funcionamiento, y lo primero y fundamental es el respeto. Pero el respeto de verdad.
Rajoy y Zapatero no se respetan, si, se dan la mano las pocas veces que quedan en la Moncloa, sacan la sonrisa para la foto, y ya esta. Luego ninguno de ellos entiende o da verosimilitud a las ideas del otro.
La respuesta está en la educación de respeto y en la empatía.
La empatía no es solo saber cuando le has hecho daño a alguien, es saber entender las ideas del resto aunque no concuerde con las tuyas. Es aceptar que hay mas formas de pensar y no solo respetarlas, si no también entenderlas (otra cosa es compartirlas). Es difícil, pero no es imposible.
Aun así, mi concepto de debate tampoco es compartido por muchos. Y tampoco es la política en su conjunto. La pregunta clave es, ¿Se puede tomar una medida que no afecte a una proporción de la población? Si, nuestro sistema se basa en la mayoría democrática, que es, a la vista de lo expuesto, el mejor sistema y más equilibrado.
Pero la pregunta es, aun así, ¿Podemos conseguir un bienestar colectivo sin perjudicar a una parte de la población?

Las otras dos preguntas las dejo para otra ocasión, pero piénsenlas ustedes mismos.

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